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sábado, 31 de enero de 2026

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes", de Tatiana Ţîbuleac

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019), de Tatiana Țîbuleac (Moldavia, 1978), es una novela breve pero emocionalmente devastadora, de esas que no buscan agradar sino sacudir. Narrada desde la voz áspera y herida de Aleksy, el libro reconstruye un verano compartido con una madre enferma con la que siempre mantuvo una relación marcada por el rencor, la incomprensión y el dolor no dicho. Desde la primera página, el tono es incómodo, casi violento, y obliga al lector a entrar en una intimidad donde el amor y el odio conviven sin pedir permiso.

Uno de los grandes aciertos de la novela es su estilo: seco, fragmentado, a ratos poético y a ratos cruel. Țîbuleac no embellece el sufrimiento ni busca la lágrima fácil; al contrario, expone la fealdad de los vínculos rotos y la manera torpe en que las personas intentan amar cuando ya es casi demasiado tarde. La enfermedad de la madre funciona más como catalizador emocional que como tema central: lo verdaderamente importante es la memoria, la culpa y la imposibilidad de reparar del todo una relación dañada.

Esta es una historia sobre el duelo, pero también sobre la infancia, la pérdida y la fragilidad de los recuerdos. El título, delicado y engañosamente bello, contrasta con la dureza del contenido y resume bien el espíritu del libro: incluso en medio del dolor más áspero, hay destellos de ternura que solo se comprenden cuando ya han pasado.

Sinceramente, no tenía pensado hacer una reseña sobre El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes pero no he podido pasar por alto escribir estas líneas, que han salido casi de corrido, porque este libro sacude al lector y lo hace consciente de lo que es la vida en toda su extensión, con todo su brillo y su crudeza. Una novela profundamente honesta y difícil de olvidar.


Fernando Mañogil Martínez.

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