Páginas vistas en total

Dorado Etiem

 
SORPRENDENTE

Los niños íbamos al monte
hacíamos cabañas desechables:
destruíamos las tardes,
acariciábamos las noches
soportábamos los pinos;
y nuestras sonrisas
no eran tecnológicas.

Pasábamos del balón al bocadillo:
soñando con tardes…
caminos, flechas, castillos;
alejados de los televisores.
“Éramos verdaderos”
soñábamos diferente…
 -fueron otros tiempos-.

Hoy, sumidos en los avances:
mandan mensajes,
llaman,
juegan...
“sin compañía”.
¿Dónde quedó la niñez absoluta,
los guerreros, las princesas
se habrán extinguido?
La PlayStation los habrá destruido
como a todos los muchachos
que no son,
 que viven..."siendo distintos".


TESTIMONIO POÉTICO
                                                                  A Fernando Mañogil Martínez

Sobre nosotros
el yo
emerge caritativo
hasta pluralizarse...
reina el tiempo
en nuestros versos,
vive un puente
en un racimo.
Sobre nosotros,
hay un margen
sin nosotros;
un "espacio abatido",
las palabras
se modifican
en nuestra fugaz ausencia
hasta desintegrarse.


-Del yo al nosotros-
no es tanto el recorrido
tú,
yo
nosotros...
“los huidizos versos
Recíprocos”.

 

LLÁMAME, NO TENGO SALDO

Las compañías
adoran el amor:
te quiero... no te soporto
te dejo, lo siento
soy un idiota
no has cambiado
no quise hacerlo.

Las monedas son insertadas
en variopintos cerdos
azules
naranjas
rojos
entre más tonalidades...
disfrutan con las relaciones
como las pizzerías
con los derbis futbolísticos:
los sentimientos son un fraude
son una letal posesión
un ir y venir de mensajería
de voces y deudas clasificadas,
estamos absorbidos
por melodías endémicas.

Sorteamos los obstáculos
acudimos a las llamadas
-cantos de vida y muerte-.
sostenemos las amenazas
nos clavan vocales
nos cortan consonantes
editamos
textos sin pretextos
las empresas nos sitian
nos ofertan luces
costes y segundos
macabros mega píxeles
miles de puntos;
puntos de sutura
canjeables
cicatrizan nuestras fauces.

ondean a media asta
tratados de paz
meses de avance.
Disfrutan con nuestros amores,
nuestras células
marcan sus celulares…
en una pasión microscópica;
en la tensión  vocal,
sufrimiento, deuda, morosidad.
 En un contrato para amantes,
siempre hay pacto para amar.

                                             DORADO ETIEM (Celeridad) (Ed. Círculo rojo)




NO HAY NADIE

En mis tardes todo es mutismo,
todo es somnolencia en un pueblo
rodeado de las trincheras usadas
en los momentos perdidos.
Mis horas, tan infieles siempre,
se asocian con la inflamada malicia
de los seres que miran sin verme.

Nadie sabe de mí, nadie me conoce;
no pueden ver mi cadáver,
vagar por las avenidas de la muerte
con las muletas de los ramajes rotos
en el viento oscuro de los surcos.
Lo que ven, quizá sea una sombra;
lo que ven quizá sea un fantasma
que se acuesta sin noche cada día
en su austera e ilusoria imaginación,
donde el brillo áureo de un oro falso
lo daña con fulgores fraudulentos
cada veinticuatro horas de desconocidas
miradas ciegas.


DISTANTE

No paro de alejarme y de alejarme aún más.
Soy el títere fluvial del Martín Pescador
que toma de mí su vuelo crepuscular
hasta la atenta mirada de las laderas,
donde las aves migratorias se topan en el cierzo.

Allí, tan perdido en mi vasta soledad,
nadie controlará mis cuerdas
enmarañadas en las forestales lágrimas
de un muñeco de trapo, casi olvidado
por la fauna y la flora de sus propios recuerdos.


JUGANDO CON EL SILENCIO

Es sorprendente jugar al tenis con el silencio,
ver cómo sus pelotas mudas
cruzan de un lado hacia otro
para hacerme puntos quietos.

Sale muy caro jugar con el silencio,
porque en cada noche hay un humillado.
Y de regreso a casa me doy cuenta
de que correr no vale la pena.
Perder contra él es decidir lo que no hablo,
pensar y olvidar lo que digo.
Suena el silencio... con él me despido.

Dorado Etiem, en Mis cualidades (Ed. Círculo rojo)