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Mis rincones

ALPUENTE

Abril ha vestido Alpuente de gala,
las nubes de nata
se han posado en la cúspide de una montaña.

Las mariposas se confunden con las flores del almendro
y el castillo ceniciento es perfilado por el viento.

El verde de los campos,
las aguas de salvaje rastro,
las nieves de las cimas
han hecho las maletas
y se han marchado.

El pueblo se ilumina por las noches
con las luces de los astros,
y la luna se enciende
como reina de alabastro.

Mi vida transcurre tranquila
en este pedazo de tierra,
que se nutre de sus gentes
y se difumina en acuarelas.

Quiero volver a tus viñedos,
quiero alcanzar las cepas
de los montes vestidos de oro solar,
y que se coronen de alegría los halcones
al ver sus víctimas pasar.

Anhelo el agua de tus fuentes,
los cerros y las noches de coral,
cuando yo pasaba por tus huertos
y me distraía pensando en soledad.

OPORTO

Tus calles son la plata, que perdió el conquistador,
tus puentes el camino por donde sueño yo.
Las familias se confunden en la Plaça da Liberdade,
y yo busco los rumores de los días en tus valles.

La Torre de los Clérigos preside la ciudad
y la dota de belleza y de pura levedad,
el mar cubre la costa, la inunda de humildad,
y los pobres pescadores sacan sus barcos a alta mar.

Me quedo ensimismado en la zona de Serralves
y castigo a los inviernos que no te dejan desperezarte.
Prefiero el sol y la luna, las noches en Ponte do Freixo
buscando una melodía, un fado, un instrumento.

En el río Douro habitan ninfas garcilasianas
que provocan en mi mente églogas de épocas pasadas,
sospecho un carpe diem, evoco poemas con laúd,
porque la ciudad es un anciano en busca de juventud.

Te tengo cosida en mi vientre,
espero volver a tu Castelo da Foz,
y paladear tu vino
como una íntima religión.

Mientras seguiré soñando entre nubes de ilusión
y recorreré tus puentes con mi imaginación,
porque te has posado en mi alma,
porque has dado luz a mi corazón,
porque espero, noche y día, volver a ser uno en dos.

PUEBLO MÍO: ALMORADÍ

Pueblo mío, sigiloso, absorbido en mi añoranza,
que rescatas al hombre desgastado en mil batallas,
revela tus secretos, da rienda suelta a tu belleza,
desdóblate en recuerdos de olor a luna nueva.

Rasgado por tu falta cuando estoy de ti alejado,
perdido y moribundo, tristemente amodorrado.
Echarte de menos es poco cuando eres manantial,
cuando evocas las palabras en mi dulce despertar.

Es derroche y es aborto de vocablos lo que tengo,
eres ciudad invisible en los páramos del viento,
eres fracaso y grandeza simbólicamente amalgamada,
eres toda la ternura del cuadro de mi alma.

Pueblo mío: Almoradí,
los aperos de labranza
estallan cerca de ti,
tú no vuelvas la cara.

Te persigo en otras calles,
me recuerdas a otros pueblos,
me interrogas cuando llego
por si infiel he sido a tu huerto.

Remordimientos, angustias, bancarrotas en mi pecho,
cuando alejado de tu suelo
rompo a llorar de anhelo,
cuando alcanzo la ternura en una cárcel de recuerdos.

No me quedan adjetivos,
no hay ruiseñores, ni cuervos
ni distancias imposibles
que me separen de tu aliento.

Aunque lejos y distante
me notes cuando llego
que sepas que tu semblante
no lo borro de mis sueños.

Pueblo mío: Almoradí,
dejas huellas de añoranza
cuando al no saber de ti
siento azufre en la garganta.

Pueblo mío: Almoradí,
me derrito en alabanzas
cuando yo lejos de ti
me derrumbo en la distancia.