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sábado, 11 de octubre de 2014

MORIR ES NACER

Una luna ensortijada preside mi penitencia,
en el último aliento no hay luces, ni sol, ni estrellas,
todo se ha transmutado en luto, todo, a su vez, es hosco,
no me encuentro en el espejo cuando impacta con mi rostro.

Una niebla impenetrable, un imperio sin salida
que ha dejado en esta duna los recuerdos de una vida,
ahora zarpo hacia el silencio, hacia un túnel mal tapiado
que ha dejado unos resquicios para enderezar mis pasos.

No he heredado grandes reinos, ni riquezas, ni soldados
sólo algún astro confuso que se pierde en el espacio.
No he sacado beneficios de mis viajes a otras partes
me conformé con ser libre entre las gentes más dispares.

Sé el final de la película, porque está escrita en el alma,
nos curamos las heridas para luego restaurarlas.
Somos aves sin destino en un nido de culebras,
recorremos los paisajes y cazamos gente buena.

Vivimos con la familia hasta emanciparnos de la teta
y darnos cuenta que la vida son claveles y reyertas,
mientras tanto todo es útil, nos abruman con regalos,
no pensamos más allá del juguete del armario.

La infancia es el termómetro de nuestra felicidad patente
y al compararla con ella sale perdiendo el presente;
yo sólo puedo ser niño cuando quiero estar contento
y el día que me llegue la hora que rememoren mi nacimiento.

Fernando Mañogil Martínez (Poema inédito)


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