Vistas de página en total

martes, 7 de abril de 2026

'Mamíferos', de Virtudes Olvera

 Mamíferos, (Esdrújula ediciones, 2024) de la genial escritora gironí, Virtudes Olvera, es un libro de cuentos que respira desde lo cotidiano para insinuar lo extraño, lo áspero y, a veces, lo profundamente doloroso. Olvera construye relatos donde los vínculos humanos familiares, afectivos, o incluso instintivos, se examinan con una mirada que oscila entre la ternura y la incomodidad. El título no es casual: en estos cuentos, lo “mamífero” remite tanto a lo biológico como a lo emocional, a esa necesidad primaria de cuidado, pertenencia y contacto, que a menudo se ve frustrada o deformada.

Desde las primeras páginas, se percibe una prosa contenida, precisa, que evita el exceso retórico y apuesta por sugerir más que por explicar. Esta economía del lenguaje permite que lo inquietante emerja en los gestos mínimos y en situaciones aparentemente triviales que, poco a poco, revelan fisuras más profundas.
En Mamíferos he encontrado una resonancia clara con el universo de Juan Rulfo, especialmente en la manera en que los personajes habitan espacios marcados por la ausencia y el desarraigo. Aunque Olvera no se sitúa necesariamente en el México rural rulfiano, sí comparte esa sensación de vacío, de vidas atravesadas por lo no dicho. Como en El Llano en llamas, los personajes de Olvera parecen cargar con culpas difusas o pérdidas que no terminan de nombrarse. Sin embargo, donde Rulfo trabaja con lo espectral y lo fantasmagórico, Olvera se mantiene en una realidad más tangible, aunque igualmente inquietante.
Entrando en otras reminiscencias, como la de García Márquez, vemos ciertas diferencias, mientras en el colombiamo hay un desbordamiento imaginativo, en Olvera lo insólito aparece de forma más tenue, casi imperceptible. No hay realismo mágico en sentido estricto, pero sí una ligera distorsión de la realidad que provoca extrañeza.
En algunos cuentos, lo cotidiano se desliza hacia lo inquietante sin ruptura evidente, como si lo raro estuviera siempre latente. Esta cualidad recuerda a ciertos pasajes de García Márquez, aunque despojados de exuberancia: Olvera opta por una rareza silenciosa, más psicológica que mítica.
Hay también en Mamíferos una atención particular hacia los personajes vulnerables, aquellos que viven en los márgenes o que enfrentan condiciones adversas sin dramatismo excesivo ("Escombreras", por ejemplo). En este sentido, la obra he sentido que dialoga con Miguel Delibes.
Como en Delibes, Olvera observa sin juzgar. Sus cuentos no buscan moralizar, pero sí evidencian las tensiones sociales, la precariedad emocional y las pequeñas violencias cotidianas. La diferencia radica en el tono: mientras Delibes suele inclinarse hacia una cierta claridad moral, Virtudes deja más espacio a la ambigüedad.
Otro de los aspectos más potentes de Mamíferos es su exploración de la infancia y los vínculos familiares ("Gallinas", "Pañales"). Aquí resulta inevitable pensar en Ana María Matute, especialmente en la forma en que lo infantil puede ser terreno de ternura, pero también de crueldad y desconcierto (léase "El niño que murió contento").
Olvera capta esa ambivalencia con gran eficacia: sus niños no son idealizados, sino complejos, a veces desconcertantes. Como en Matute, hay una conciencia de que crecer implica atravesar zonas de sombra. Así lo hace Virtudes en "Los horizontes del suelo", quizás el relato más emotivo de todos, en el que explora el dolor de la guerra civil desde una perspectiva original y diferente, la de los huérfanos, los que quedan sobre la tierra alimentando a los que están enterrados bajo ella.
Finalmente, he encontrado un eco contemporáneo en la escritura de Virtudes Olvera en Carlos Castán. Ambos comparten una inclinación por lo íntimo y lo inquietante, ("Lamancha y Lanube") donde lo cotidiano se vuelve ligeramente perturbador.
En este punto, Mamíferos destaca por su capacidad de generar incomodidad sin recurrir a giros espectaculares. La tensión está en la atmósfera, en lo que se intuye más que en lo que ocurre. Estamos, pues, ante un libro sólido, coherente en su propuesta estética y emocional. Virtudes Olvera logra articular un conjunto de cuentos que dialogan entre sí a través de temas comunes: el cuerpo, el afecto, la vulnerabilidad... Sin caer en la repetición.
Si algo define a esta obra es su capacidad de impactar de forma directa en el lector, como lo has hecho en mí, ya soy uno más de tus incondicionales.

Fernando Mañogil Martínez. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario