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domingo, 29 de marzo de 2026

"La imperfección del arañazo", de Agustín Raposo

La imperfección del arañazo (Ediciones en Huida, 2026), de Agustín Raposo (La Palma del Condado, Huelva), se articula como un recorrido emocional y político que evoluciona desde la denuncia colectiva hacia la introspección más íntima. Dividido en cuatro partes claramente diferenciadas, la obra traza un arco que va de lo social a lo personal sin perder coherencia temática ni intensidad poética.

La primera parte destaca por su tono reivindicativo y combativo. Aquí, la voz poética se alza contra las estructuras de la sociedad capitalista, señalando sus contradicciones, desigualdades y efectos deshumanizadores. Los poemas, lejos de lo panfletario, logran evitar el cliché gracias a imágenes potentes y un lenguaje cuidado que equilibra crítica y lirismo:

<<Los gritos del herido, / el llanto de los huérfanos, / el olor a carne quemada, / el incendio en los dedos / que no construyen ni acarician, / las pupilas sin brillo del soldado. / En eso que apenas te roza / si no es tu cuerpo prisión o lamento, / en lo intangible, / habita la barbarie.>>
("Barbarie")

En la segunda sección, el poemario se vuelve más intertextual. Las referencias a obras como Los Detectives Salvajes y Pedro Páramo enriquecen el discurso y lo sitúan dentro de una tradición literaria que también ha explorado la violencia, la memoria y la identidad. A través de estos guiños culturales, el autor amplía su crítica y sugiere que la violencia no es solo estructural, sino también simbólica y narrativa, profundamente arraigada en nuestra manera de contar el mundo:

<<Nos educaron / para temer el bosque. / Crecimos con el miedo / temblando en el regazo. / Pero los lobos / no vivían en las historias / que ellos narraban para domesticarnos / Los lobos estaban aquí, / aullando sobre nuestros sexos / con un deseo podrido en las fauces.>>
(Fragmento de "Laura Palmer")

La tercera parte supone un giro esperanzador. Frente al diagnóstico crítico de las secciones anteriores, aquí se plantea la posibilidad de reconstrucción: empezar de cero, redefinirnos como individuos y como sociedad. Los poemas adoptan un tono más reflexivo, incluso utópico por momentos, invitando a imaginar nuevas formas de convivencia y de identidad:

<<Si no es posible / derribar estos dioses de barro / que aprietan, ahogan, pisan / habrá que regresar sobre los pasos, / retirar la pulpa, / llegar a la semilla, / descarnar el hueso / y después triturarlo. / Apagar las hogueras, / bailar desnudos y ateridos / en la oscuridad / de la piedra. / Desmembrarnos. / Deshacernos. / Y volver a empezar.>>
("Deshacernos")

Finalmente, la última sección cierra el libro con un tono íntimo y contemplativo. El foco se desplaza hacia el paso del tiempo, la memoria y los afectos, especialmente el amor como eje vertebrador de la experiencia humana. Esta parte aporta una dimensión emocional que completa el conjunto, mostrando que, tras la crítica social y el impulso transformador, permanece la necesidad de entendernos a nosotros mismos y a nuestras relaciones.
En su conjunto, Agustín Raposo ofrece una propuesta sólida y coherente, capaz de conjugar compromiso social, riqueza cultural y profundidad emocional. Es una obra que invita tanto a la reflexión crítica como a la introspección, dejando una sensación de viaje completo y bien articulado.

Fernando Mañogil Martínez. 

1 comentario:

  1. Gracias por tu lectura afilada, cálida y generosa, Fernando. Y por la labor cultural que haces. No es habitual encontrar poetas que den más cabida a los versos ajenos que a los propios.

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