La sirena de un naufragio
se repite en mi cabeza.
Los mecheros en baladas
me recuerdan las quimeras.
Los abrazos sin te quiero,
las mochilas en la puerta.
Un retazo de silencio
al otro lado de la verja.
Dejo limpios de recuerdos
los cajones de la mesa,
me erosiono sin quererlo
con tacones de inhóspitas hembras.
Me obsesiona el perseguirte,
tatuarte con estrellas
y vivir agazapado
entre nubes de torpeza.
Sé que estoy desconcertado
porque falta algo en mis letras
pero simpre que lo pienso
se completa con tu ausencia.
Tengo inciertos pasadizos
en mi mente de trompeta
que en la noche más oscura
se consume entre tus piernas.
FERNANDO MAÑOGIL MARTÍNEZ (POEMA INÉDITO)
Se trata de un blog creado para dar visibilidad a nuevos talentos poéticos y para hacer un guiño (en forma de reseñas) a los poetas y escritores que más me llamen la atención.
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jueves, 17 de octubre de 2013
miércoles, 2 de octubre de 2013
viernes, 13 de septiembre de 2013
miércoles, 11 de septiembre de 2013
PASÓ EL VERANO
Pasó el verano, tiñendo el otoño de soledad,
dejando en mi mente el recuerdo de la tempestad,
de los días largos y los soles dorados junto al mar.
Pasó el verano, y ya sólo quedan ramajes por quemar.
Regresa la nostalgia, los atardeceres pierden intensidad,
pierdo el tiempo en menudencias y en noches de castidad.
Muero a la orilla de mi alma, dejando un cantar,
llevando mis restos a un lado, mientras veo la sangre brotar.
Me abrazo a una nueva compañera, que se llama soledad,
respiro en la cima de un monte los aires de libertad,
pensando que tú estás tan lejos
que no te puedo besar,
viendo que no quedan noches
que dibujen tus caderas al andar.
Tu beso se ha quedado en mi pecho grabado,
tus manos son el tacto de mis manos frente a un sol dorado.
Tus ojos se han clavado en la urna de mi mente
y siento, por momentos,
que todo esto tendrá un final ardiente.
Mi cama es un navío que te espera anclado,
mi vida es el hastío cuando no tengo tus labios.
Tu cara es mi prototipo de paisaje, tu nariz una montaña,
bella como el rocío de una nueva mañana.
Tus ojos son los lagos donde yo me suelo bañar,
y me quedo desnudo cuando a tu boca voy a parar.
Tu boca es la cueva de mi pasión,
en ella resucito y todo en mí se vuelve religión,
se quedan mis pupilas dilatadas, y mis dedos
se convierten en la llave para abrir tu alma.
¡Qué recuerdos trae la palabra soledad!
¡Qué susurros dejan los árboles en la tempestad!
¡Qué cantares de los pájaros cuando en las ramas se posan!
¡Qué vida la mía si la lluvia ya no es otra cosa!
Me espera un crudo invierno y una estrella,
mi deseo no es otro que llegar hasta ella.
Me aguarda un amargo otoño y una ilusión,
mi anhelo no es otro que regresar a tu corazón.
Pero, mientras tanto, el tiempo pasa lento en el reloj,
se mueven las horas y se queda vacío mi interior.
Pasó el verano, tiñendo el otoño de soledad,
ahora sólo queda mi navío y noches de tempestad.
Fernando Mañogil Martínez (Del yo al nosotros)
dejando en mi mente el recuerdo de la tempestad,
de los días largos y los soles dorados junto al mar.
Pasó el verano, y ya sólo quedan ramajes por quemar.
Regresa la nostalgia, los atardeceres pierden intensidad,
pierdo el tiempo en menudencias y en noches de castidad.
Muero a la orilla de mi alma, dejando un cantar,
llevando mis restos a un lado, mientras veo la sangre brotar.
Me abrazo a una nueva compañera, que se llama soledad,
respiro en la cima de un monte los aires de libertad,
pensando que tú estás tan lejos
que no te puedo besar,
viendo que no quedan noches
que dibujen tus caderas al andar.
Tu beso se ha quedado en mi pecho grabado,
tus manos son el tacto de mis manos frente a un sol dorado.
Tus ojos se han clavado en la urna de mi mente
y siento, por momentos,
que todo esto tendrá un final ardiente.
Mi cama es un navío que te espera anclado,
mi vida es el hastío cuando no tengo tus labios.
Tu cara es mi prototipo de paisaje, tu nariz una montaña,
bella como el rocío de una nueva mañana.
Tus ojos son los lagos donde yo me suelo bañar,
y me quedo desnudo cuando a tu boca voy a parar.
Tu boca es la cueva de mi pasión,
en ella resucito y todo en mí se vuelve religión,
se quedan mis pupilas dilatadas, y mis dedos
se convierten en la llave para abrir tu alma.
¡Qué recuerdos trae la palabra soledad!
¡Qué susurros dejan los árboles en la tempestad!
¡Qué cantares de los pájaros cuando en las ramas se posan!
¡Qué vida la mía si la lluvia ya no es otra cosa!
Me espera un crudo invierno y una estrella,
mi deseo no es otro que llegar hasta ella.
Me aguarda un amargo otoño y una ilusión,
mi anhelo no es otro que regresar a tu corazón.
Pero, mientras tanto, el tiempo pasa lento en el reloj,
se mueven las horas y se queda vacío mi interior.
Pasó el verano, tiñendo el otoño de soledad,
ahora sólo queda mi navío y noches de tempestad.
Fernando Mañogil Martínez (Del yo al nosotros)
miércoles, 24 de julio de 2013
ENTREVISTA EN LA UNIVERSAL RADIO
Aquí está la grabación de la entrevista que me realizó ayer LA UNIVERSAL RADIO.
Quería dar las gracias a Miren, Paloma y Sol-Tame por invitarme. Saludos.
http://www.ivoox.com/entrevista-miercoles-sol-tame-al-aire-hoy-audios-mp3_rf_2238851_1.html
domingo, 21 de julio de 2013
Almoradí 1829: "Viento en contra" de Fernando Mañogil
Aquí dejo el acceso al blog de Almoradí 1829 de José A. Latorre Coves, en él alude al día de la presentación de "Viento en contra".
Almoradí 1829: "Viento en contra" de Fernando Mañogil: Hoy, 7 de junio, el almoradidense Fernando Mañogil ha presentado, en un abarrotado Salón Cultural de la Biblioteca, su segundo libro...
Almoradí 1829: "Viento en contra" de Fernando Mañogil: Hoy, 7 de junio, el almoradidense Fernando Mañogil ha presentado, en un abarrotado Salón Cultural de la Biblioteca, su segundo libro...
viernes, 19 de julio de 2013
POR ÚLTIMA VEZ
De estas calles
que
ahondan el poniente,
una
habrá (no sé cuál)
que
he recorrido ya
por
última vez,
indiferente
y sin adivinarlo.
JORGE
LUIS BORGES
“Límites”
El
bostezo de la mañana de hoy
podría
ser el último,
quizá
sea la última vez
que
me ponga la ropa mojada de lluvia,
la
última vez que lea a Unamuno,
a Walt Whitman, a Gelman…,
que
relea a los clásicos,
que
pase por tu calle,
que
me transporte a otras ciudades,
que
luzcan mis sienes sus nieves invernales;
puede
que ya no escuche tu risa,
no
estudie tus gestos,
no
rime la luna con otro de tus besos.
Puede
que sea mi última foto,
mi
último taxi, mi último parpadeo;
he
acabado incomprendiendo
todo
lo comprendido en años de titubeos.
Puede
que te vea una vez
y
ya no te vuelva a ver,
puede
que deposites tu voto
en
la urna de la endeblez.
Puede
que todo tenga hoy una última vez,
pues
pendemos del hilo de un dios
que
un día, sin pedir permiso,
nos
llama a filas, nos recluta en su ejército,
no
hacen falta faxes ni correos;
y
nosotros, sin derecho a réplica,
acatamos
nuestro féretro,
y
vacíos de incertidumbre
marchamos
con lo puesto.
Me
despido por si acaso,
como
cuando atranqué tu puerta
y
te dije te quiero,
como
si ésa hubiese sido la última noche
que
te viera con vida,
y
éstos, mis últimos versos.
Fernando Mañogil Martínez (Viento en contra)
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