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domingo, 3 de enero de 2021

RESEÑA DE LA RAMA VERDE DE ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Son varios los años que llevo siguiendo a Eloy Sánchez Rosillo, el poeta murciano siempre ha amalgamado en su poesía la sencillez y la belleza estética, las cuales no siempre están reñidas, esta vez con La rama verde demuestra una vez más su compromiso estético y su esplendoroso candor literario. 

La temática de este nuevo libro es diversa, pero el hilo conductor es el recuerdo de la niñez y de la infancia y por extensión del paso del tiempo. No olvidemos el poema que da título al libro: “Pero en la rama verde de la infancia/-la que está más arriba, la que en la luz se mueve-/ canta el jilguero”. Pero hay múltiples poemas que siguen esa línea, por ejemplo, el poema que abre el libro: “Duración”: “Dentro de la leyenda del vivir, / que el minucioso olvido/ desordena y desdice, / el sueño aquel primero/ de la niñez no se ha desvanecido.

No son pocos los poemas que, como digo, aluden al recuerdo infantil, también desde el recuerdo de la niñez de su propio hijo, como es el caso del poema que lleva por título “En la mañana inmensa”: “Cuánto tiempo ha pasado ya, hijo mío,/desde aquella mañana que dije en un poema/en el que se nos ve a ti y a mí en la playa,/bañándonos alegres, entre risas,/ en un mar tibio y quieto, bajo el sol estruendoso/y un cielo azul sin mácula. O el recuerdo infantil con la madre como: “Date prisa”: “…Veo tu rostro, madre, en el espejo./(Tengo seis años, o algo más tal vez;/mi padre ya ha salido de la casa,/camino del trabajo.)/Me dices, date prisa, y me sonríes./Yo también te sonrío en el cristal./Me pones el abrigo/y nos vamos corriendo hacia el colegio./El niño confiado/que aparece contigo en estas líneas/te mira en el espejo para siempre/y no sabe que un día morirás./Pero el que escribe ahora sí lo sabe./Y conoció ese día.//

El poemario está plagado de poemas de la temática ya esbozada, algunos títulos son: “Un huerto claro”, “Vía láctea”, “Reencuentro”…

Por lo que se refiere al tópico del “tempus fugit” hay piezas de una belleza y una brillantez estilística encomiable, como “Entrar en el silencio”, “Talismán”, “El hueco del instante”, “La abeja y la muerte”…

Mención especial merece, por otro lado, la temática amorosa, encontramos diversos poemas abordados desde diversos prismas: la coincidencia amorosa en “Algo que no es azar” (“Dejé mi casa y me adentré de lleno/en la extensa mañana, en su luz nueva./Pudo no suceder, y sin embargo/la vida decidió que ocurriría./Tú por tu lado, y por el mío yo/-sin presagios ningunos, distraídos-,/, nos fuimos acercando hasta esa calle, una calle cualquiera. Y coincidimos/en el instante aquel del universo”./). El amor más allá de la muerte, al estilo quevedesco, aparece en “El abrazo” (“…A través de la tierra y la oscura maraña/de intrincadas raíces te miro y tú me miras./Mezclados con el fuego, con el agua y el barro/que nos acogen y nos purifican,/somos aire también, ensueño, abrazo/que nunca termina.”/). “La hermosa hoguera”, por su parte, es una especie de oda al sentimiento amoroso (“Hay que apartarse a veces del amor/para, de lejos, verlo por entero…/). “La llama” ahonda en un amor que, aún sin ser proferido, existe en los amantes (“Si yo te hubiera dicho;/si tú hubieses oído…/Pero no pudo ser, no puede ser./Y tampoco es preciso/evidenciar la llama, verla arder./). Otros poemas amorosos de bella singladura son, entre otros: “Hablo aquí del comienzo” (en el que se cuenta cómo conoció a su mujer), “Olor a junio” (en el que se alude a un antiguo amor), “Era septiembre” (recuerdo de un amor de verano), etc.

 Finalmente, nos adentraremos en algunos poemas de diversa índole que llaman la atención por el hecho de partir de lo cotidiano para llegar a lo trascendente.

El primero de ellos es “A unas moreras”, el cual alberga una enorme sencillez expresiva, pues presenta una escena costumbrista, el poeta pasea por su ciudad y su capacidad de observación hace que se detenga en el estado de desnudez que tienen las moreras y cómo éstas tornarán a “estallar en su prodigio”, el paso de las estaciones despierta la consciencia de decrepitud del poeta.

“Nota” es otro de los poemas que, en este caso, se inicia con la visión de una gaviota: "Cruza una gaviota solitaria/el cielo calmo y limpio de esta tarde, /ya al filo de la noche". El desarrollo del poema hace que la imagen adquiera hondura por los dos últimos versos: "Aquí abajo la noche va cerrándose,/y yo me pierdo en mi melancolía".  

“Pared con sol”: Esta pared con sol de mi terraza,/en su avance seguro/hacia la plenitud del mediodía./

En estos primeros versos el poeta focaliza su atención en la pared, su capacidad de observación permite que el poema adquiera cierto tono intimista y, para acabar, introduce unos versos finales que coronan la composición y acaban dándole un sentido pleno a la misma, el poeta redunda en la idea calderoniana de si la vida es o no un sueño: Todo lo acato y me concierne todo./Estoy hecho de mundo,/de siempres y de nuncas. Y me digo/ en un instante lleno de tiempo inabarcable/si será cierta acaso/ tanta ebriedad serena de existir,/o si morí algún día mientras soñaba alegre/el sueño de la vida./

Siguiendo esta línea encontramos “Itinerario al caer la tarde”, en el que encontramos trazos de lo cotidiano que sirven como excusa para hablar de lo que trasciende, lo que nos rodea no es más que ornamento, pero sirve para ahondar en lo concerniente al alma: No es espacio o contorno con su adentro y sus límites;/ se trata de un vacío en que resuena todo/lo que en tu vida entera sucedió,/ y aun así sólo se oye un gran silencio,/ un silencio que arropa, que apacigua y redime.// Te abandonas allí, limpio de daños./ Y comprendes sin más que has entrado en tu alma.//

“Atisbos” alude a la incertidumbre que supone el vivir y las expectativas que se pueden llegar a generar, para ello el poeta anima a que indaguemos en la realidad, a que seamos buenos observadores: Asómate al misterio, siéntelo,/ y sin preguntas, luego,/ guarda en tu corazón lo que entreveas.//

En definitiva, Eloy Sánchez Rosillo, con su poesía, nos anima a detenernos en aquello que pasa desapercibido, nos anima a la reflexión a partir de la observación y a indagar en aquello que refulge cual arpa becqueriana, por ello destaco, para terminar, estos versos de su poema “La casa sosegada”: "Aguza bien tu oído. Escucha. Y sueña".



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