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miércoles, 29 de julio de 2026

"De las cosas pálidas", de Alberto Santamaría

El último poemario de Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976) lleva por título De las cosas pálidas (La Bella Varsovia, 2025) y está dividido en tres secciones —De las cosas pálidas, De las cosas improbables y Estas cosas pálidas—, este poemario construye una poética de lo mínimo, de aquello que suele permanecer al margen de la mirada. Las composiciones de Santamaría funcionan como un bodegón: un espacio donde los objetos parecen inmóviles, casi desprovistos de utilidad, pero cuya presencia encierra una memoria silenciosa. Como en la pintura de naturaleza muerta, nada de lo que aparece es casual; cada cosa testimonia una vida, un instante, un afecto o una ausencia:

<<Las ciruelas / limpias / en la nevera / brillan / son un grito / [...] te miran / observan / detenidas en el vacío / tus manos / ciegas / palpan / el silencio / de lo que cruje / al cerrar la puerta / de la nevera / este sábad / no hay otra patria / que el deseo / niebla entre frutales>>

Las "cosas pálidas" son, en realidad, los vestigios de lo vivido: las afueras del amor, los restos de los vínculos, los pequeños gestos que sostienen nuestra experiencia del mundo sin reclamar protagonismo. Frente a la velocidad de la existencia, el poemario reivindica una mirada demorada, capaz de descubrir en lo cotidiano una profundidad inesperada. Por su parte, las "cosas improbables" introducen el territorio de lo imaginado y lo posible, donde la memoria y el deseo dialogan con aquello que nunca llegó a ocurrir, pero que también conforma nuestra identidad:

<<Todo lo puede / esta mañana / de enero / si vemos / la amarilla / palidez / de la vespa / del cartero / frente al portal>>

La estructura tripartita sugiere un recorrido que va de la contemplación al reconocimiento: lo que primero parecía desvaído e insignificante termina revelándose como el verdadero núcleo de la experiencia humana. Así, el libro se convierte en una alegoría de la aceptación. Nos recuerda que la vida no se compone de grandes acontecimientos, sino de una acumulación de momentos frágiles, casi imperceptibles, que solo adquieren sentido cuando nos detenemos a observarlos:

<<Los ácaros dominan / lo que olvidas / el poliéster / lo improbable / al otro lado de las cortinas / el descampado / la biblia / otro blues castellano>>

De las cosas pálidas invita, pues, a reconciliarse con la fugacidad y con la aparente insignificancia de las cosas. En sus páginas, lo cotidiano deja de ser un simple decorado para convertirse en el lugar donde habitan la memoria, el afecto y la conciencia de estar en el mundo.

Fernando Mañogil Martínez. 

 

sábado, 25 de julio de 2026

"Galería de intimidades", de Christian Nieto Tavira

Hay poemarios que se leen como una sucesión de textos independientes y otros que exigen ser recorridos como un espacio habitable. Galería de intimidades (Averso, 2026), de Christian Nieto Tavira (Murcia, 1998), pertenece a la segunda categoría. Dividido en tres secciones —Galería exterior. Plano general, Galería interior. Planta baja. Plano americano y Galería interior. Planta alta. Contrapicado—, el autor construye un itinerario emocional en el que la mirada, el arte y la memoria se convierten en los ejes de una reflexión íntima sobre la existencia:

<<Una voz silenciosa resuena en mi cabeza, / como un tambor que salpica sangre / si es golpeado. / Esa voz me pide gritar / y una vez que lo hago, / me deja solo y moribundo una vez más. / Cantándole al amor. / Rogando a la esperanza.>>
("Filmoteca de ausencias 02: A silent voice" (Naoko Yamada, 2016)

Ya desde los títulos, el volumen establece un fecundo diálogo entre la pintura, la arquitectura y el lenguaje cinematográfico. La disposición de las tres partes no es arbitraria: propone un desplazamiento que va de lo exterior a lo más profundo, de la contemplación del mundo al descenso o al ascenso, hacia las estancias más privadas del yo. Cada cambio de perspectiva implica también un cambio en la intensidad emocional, como si el lector fuera modificando el ángulo desde el que observa una misma vida:

<<Puedo ser el mentiroso que se mira al espejo / como puedo ser la niña que se pone la falda / como puedo ser el abuelo / o el perro / puedo ser de humo / y oler a lavanda y a cuero animal / puedo ser el reo / y la coja que sale de la fiesta / puedo ser / quien tú quieras / cuando me nombres.>>
("Filmoteca de ausencias 07: Persona" (Ingmar Bergman, 1966)

Los poemas abordan asuntos universales: la nostalgia como forma de habitar el tiempo, el amor y el desamor como experiencias transformadoras, la soledad, la pérdida, la enfermedad o el peso de la memoria. Sin embargo, estos temas nunca aparecen revestidos de grandilocuencia. El poeta opta por un lenguaje limpio, sobrio y cuidadosamente elaborado, donde cada imagen encuentra su lugar con naturalidad. Esa aparente sencillez es, precisamente, una de las mayores virtudes del libro: detrás de cada verso se percibe un trabajo de depuración que permite que la emoción llegue sin artificios:

<<Sostengo tu nombre antes de que te vayas. / Lo que te queda / es, / o fue, / un cuerpo.>>
("Muerte de la Virgen" (Caravaggio, 1606)

Uno de los aspectos más originales del poemario de Christian es el diálogo constante con la historia del arte. Pintores como El Greco, Toulouse-Lautrec, Francis Bacon o Caravaggio, entre tantos otros, no funcionan como simples referencias culturales, sino como interlocutores del poeta. Sus cuadros se convierten en espejos donde el sujeto lírico proyecta sus propias inquietudes, sus pérdidas y sus deseos. Del mismo modo, el cine, con la presencia de directores como Pier Paolo Pasolini, Paolo Sorrentino o Isabel Coixet, aporta otra forma de mirar la realidad. El encuadre, la luz, el movimiento o la composición visual enriquecen una escritura que entiende el poema como una imagen detenida capaz de contener una historia:

<<Mi padre no está. / Mi padre se fue y nos dejó aquí / en una casa de soledades. / Mi padre me habla a veces por teléfono / y me pide perdón por su ausencia. / Mi padre no está / y aunque él insista / no puedo ni sé reconocerme en él. / Niño, por lo que más quieras, / jamás cargues con los pecados / de tu padre.>>
("Filmoteca de ausencias 11: Edipo rey" (Pier Paolo Pasolini, 1967)

En este sentido, Galería de intimidades propone una sugerente reflexión sobre la creación artística. La pintura y el cine no son únicamente objetos de admiración, sino espacios de refugio. Frente a la incertidumbre, el deterioro o la ausencia, el arte aparece como un lugar donde la experiencia encuentra sentido y puede ser compartida. Pero el poemario evita cualquier idealización: las obras de arte también iluminan nuestras grietas y revelan aquello que preferiríamos ocultar. Son refugio y espejo al mismo tiempo, consuelo y evidencia de nuestra fragilidad.
La estructura tripartita contribuye decisivamente a la coherencia del conjunto. Cada sección posee un tono propio, aunque todas participan de una misma atmósfera de introspección. El recorrido invita al lector a atravesar distintas estancias emocionales, como quien visita una galería donde cada cuadro añade un matiz nuevo a una misma búsqueda: comprender cómo la memoria, el amor y la pérdida modelan nuestra identidad.
En definitiva, Nieto Tavira ofrece una propuesta sólida y profundamente humana. Su capacidad para integrar distintas disciplinas artísticas dentro de una voz poética auténtica, unida a un lenguaje preciso y accesible, convierte la lectura en una experiencia de contemplación y reconocimiento. Es un libro que confirma que el arte no elimina el dolor, pero sí puede transformarlo en conocimiento, belleza y memoria compartida. Ahí reside, quizá, su mayor acierto: recordarnos que, incluso en los momentos de mayor vulnerabilidad, la creación sigue siendo una forma de resistencia y de esperanza.

Fernando Mañogil Martínez. 

 

domingo, 12 de julio de 2026

'En la espesura de lo invisible', de Javier Puig

La espesura de lo invisible (Ars Poética, 2026), de mi querido amigo Javier Puig (Barcelona, 1958), se erige como una celebración del asombro ante la realidad y de la capacidad de la palabra poética para iluminar aquello que, aun estando frente a nosotros, permanece envuelto en misterio. A través de esa escritura de gran sensibilidad a la que nos tiene acostumbrados, Javier Puig convierte la contemplación del mundo en una experiencia de deslumbramiento: cada imagen, cada instante y cada emoción parecen revelar una dimensión secreta de la existencia.

Uno de los aspectos más destacados del poemario es la forma en que presenta el paso del tiempo. No lo muestra como algo brusco, sino como una corriente silenciosa que transforma personas, lugares y emociones. Los recuerdos de la infancia, los sueños y las experiencias vividas se mezclan con la conciencia de que todo es pasajero:

<<Ya no soy el que fui, / aunque en este que ahora escribe / reconozca el rescoldo / de alguna perplejidad antigua, / los restos de una gastada querencia.>> (Fragmento de "Ya no soy el que fui")

La muerte también está presente, pero no como una amenaza constante, sino como una realidad inevitable que da sentido a la reflexión del poeta.
Las composiciones exploran la relación entre mirada y conocimiento, sugiriendo que la poesía nace precisamente de esa conmoción íntima que produce el descubrimiento de la belleza en lo cotidiano. El misterio no aparece aquí como oscuridad impenetrable, sino como una invitación a detenerse, observar y escuchar con mayor hondura. En ese sentido, la escritura poética funciona como una forma de revelación y de búsqueda espiritual:

<<Este que ahora soy, / ¿lo seré siempre? / Todo está por concluir / en el cauto recorrido de mi sed. / Somos el sucesivo instante / que nos invade, / el que ocupamos extrañados, tan lejos de la certidumbre, / mientras soñamos / con un azar amistoso / que secunde nuestra espera. ("Futuro")

Uno de los mayores aciertos del libro reside en reivindicar la pertinencia de la belleza en tiempos marcados por la prisa y el desencanto. La belleza, lejos de ser un mero adorno estético, se presenta como una fuerza transformadora que amplía nuestra percepción del mundo y nos reconcilia con lo esencial. Junto al amor, otro de los ejes fundamentales del poemario, la poesía abre un espacio de plenitud donde el ser humano puede trascender sus límites y rozar una cierta idea de eternidad:

<<Miro a mi nieta / la reconozco aún rezagada / en la burbuja de su infancia, / como si levitase dentro / de una inconsciencia fugitiva. / Me abrazo a su imagen vivísima / y nuestra íntima respiración / parece acordarse en vibraciones / que nos integran. / Así quiero seguirla por los días, / enlazados en un sentir entrañable.>> ("La burbuja del tiempo").

Con un lenguaje cuidado, evocador y cargado de musicalidad, este poemario nos invita a mirar de nuevo la realidad, a dejarnos sorprender por ella y a comprender que quizá la verdadera permanencia habita en esos instantes de belleza y amor que la poesía logra preservar.

Fernando Mañogil Martínez.