Musgo y dientes, (Aliar, 2025), de Marina Serrano (Cádiz, 1984), se inscribe en una tradición de escritura poética que aborda el duelo desde una perspectiva simbólica y corporal, articulando una reflexión sobre la pérdida, la memoria y la genealogía femenina. El poemario se estructura en tres secciones —«El desprendimiento del pájaro», «Una pluma hendida bajo la piel» y «La sombra del vuelo»— que configuran un recorrido no lineal, marcado por la reiteración de imágenes y motivos que operan como núcleos semánticos del texto.
La figura del pájaro funciona como eje simbólico del libro, condensando nociones de tránsito entre vida y muerte, gestación y desprendimiento, permanencia y ausencia. A partir de esta imagen, Marina Serrano elabora una genealogía íntima en la que la orfandad y la maternidad se entrelazan como experiencias constitutivas del sujeto. El linaje femenino se presenta así no solo como herencia biológica, sino como una transmisión afectiva y simbólica que se inscribe en el cuerpo:<<Ven, / desciende con tu lumbre, / esparce sobre mi boca / las cenizas. / Ahora que mis senos albergan / un blanco océano, / deja que se nutran / las aves que te precedieron: / porque tú también germinaste / en la misma herida, / porque yo también seré / bajo el rocío de la tierra.>>
(Fragmento de "Un blanco océano")
El cuerpo ocupa un lugar central en el poemario, concebido como espacio de memoria y como superficie de inscripción del dolor. Elementos recurrentes como el musgo, los dientes o las plumas remiten a una materialidad orgánica que tensiona los límites entre lo vivo y lo muerto, lo que permanece y lo que se transforma. En este sentido, el duelo no se plantea como un proceso de cierre, sino como una experiencia de continuidad y reconfiguración:
<<Qué eras: / ¿Un pájaro-cometa? / ¿El eco sumergido de mi latido? / ¿La voz líquida / que surca los cráneos / de nuestros ancestros? / Tú / que atravesaste todas las sombras / a través de esta cicatriz, / dime, / cómo no temer por tu vida, cómo no imaginarnos / bajo la piel del musgo.>>
(Fragmento de "Pájaro-cometa)
Desde un lenguaje ritual, sensorial y densamente metafórico, Marina Serrano construye una poética en la que el sufrimiento se transfigura en conocimiento y forma. Musgo y dientes propone así una lectura del duelo como práctica de memoria encarnada, donde la escritura deviene un gesto de restitución simbólica y de reinscripción del vínculo.
El cuerpo ocupa un lugar central en el poemario, concebido como espacio de memoria y como superficie de inscripción del dolor. Elementos recurrentes como el musgo, los dientes o las plumas remiten a una materialidad orgánica que tensiona los límites entre lo vivo y lo muerto, lo que permanece y lo que se transforma. En este sentido, el duelo no se plantea como un proceso de cierre, sino como una experiencia de continuidad y reconfiguración:
<<Qué eras: / ¿Un pájaro-cometa? / ¿El eco sumergido de mi latido? / ¿La voz líquida / que surca los cráneos / de nuestros ancestros? / Tú / que atravesaste todas las sombras / a través de esta cicatriz, / dime, / cómo no temer por tu vida, cómo no imaginarnos / bajo la piel del musgo.>>
(Fragmento de "Pájaro-cometa)
Desde un lenguaje ritual, sensorial y densamente metafórico, Marina Serrano construye una poética en la que el sufrimiento se transfigura en conocimiento y forma. Musgo y dientes propone así una lectura del duelo como práctica de memoria encarnada, donde la escritura deviene un gesto de restitución simbólica y de reinscripción del vínculo.
Fernando Mañogil Martínez